Lo leí hace un par de días y no daba crédito. Es bien sabido que la Red de Redes anda repletita de bulos y mitos urbanos que conviene filtrar convenientemente para no acabar mirando detrás de cada esquina -o mejor dicho, web- de forma enfermiza.
El caso es fácil de comprender: en los tiempos que nos está tocando vivir, no resulta demasiado difícil ponerse en el lugar de alguien que se ha quedado sin trabajo y que se agarra a cualquier oferta que cae en sus manos porque, sencillamente, todos queremos comer. Una de estas ofertas parecía, en principio, un tanto descorazonadora por las condiciones: medio mes de viajes y el otro medio en oficina, coche a cargo del trabajador, no se pagan dietas… Ufff… Pero necesidad obliga.
Luego viene la sorpresa cuando ya se ha firmado el contrato de trabajo: también se tiene que llevar su propio portátil de casa. Bueno, al fin y al cabo, mejor trabajar con la herramienta que uno ya conoce y, sobre todo, es que al final de mes se cobra el sueldo, que todo lo hace más llevadero. El problema surge el día 16 del mes, primero en el que el nuevo trabajador pisa la oficina tras dos semanas completas de viajar por toda la Península, cuando el jefe de la empresa pasa por delante del trabajador en cuestión y observa en el portátil de éste un sistema operativo que, a primera vista, no parece precisamente un Windows. “¿Y eso qué es?”, le pregunta preocupado. “Linux, exactamente la distribución Ubuntu. Es que trabajo mucho mejor que con Windows”.
El jefe se va murmurando algo inteligible y al rato vuelve con voz resuelta y tajante: “Ya te estás quitando eso del ordenador. Te bajas con el Emule un Windows y te lo instalas. Mi hijo – (conviene aclarar aquí que el muchachín tiene 16 añitos, pelo estilo “cenicero” y es el “perla” del “Insti”)- me ha dicho que eso del Linux es super peligroso y que puede infectarme todos los ordenadores de la oficina porque están en red”.
Es entonces cuando el trabajador recuerda que se está pagando la gasolina y las comidas cuando viaja y que el equipo del que está hablando el jefe, cuya cara es enrojece por momentos, es suyo desde que lo compró en el Carrefour de oferta dos años atrás. Y tragándose las ganas de decir algo no muy educado, replica “no se preocupe que no lo conecto en red y no pasa nada, al fin y al cabo, éste es un sistema operativo a salvo de virus y gusanos”. La respuesta del jefe, taxativa: “o me haces caso o estás despedido”.
Y he aquí la resolución del trabajador, con más razón que un santo: “No sólo no pienso desinstalar nada de MI ordenador, sino que ahora mismo me voy al juzgado que toque y pongo esto en manos de abogados”… Sólo me queda añadir que el individuo está que trina por la “chulería del currito éste de mierda” que encima le ha metido en un “jaleo de papeles que no veas”. ¿A que parece recién salido de una peli de Berlanga? Pues no. Es de hoy, actual y real como la vida misma. Ignorancia supina, eso de que el Linux es peligroso, cuando es Windows el único sistema operativo que permite el acceso a virus y demás “malwares” y, de paso, pingües beneficios de no pocas empresas fabricantes de antivirus.